martes, 23 de octubre de 2012

(Fotografía de Henry Moncrieff: Vidas Deltanas)


Sensualidad


Sensualidad implica un anhelo, significa una obsesión constante. Alguien que este constantemente pensando en algo, es incapaz de meditar, no puede orar, no puede estudiar. Seguirá disfrutando de ese algo en su imaginación. Cuanto más sensual te vuelves, menos sensitivo, menos sensible serás, porque la sensibilidad siempre está en lo presente, y la sensualidad está siempre en el futuro. Por lo que 
si una persona piensa constantemente en algo, cuando se le de ese algo será incapaz de percibir ese gozo, porque ya estará pensando en otra cosa que anhela. Una persona que esté constantemente pensando en el sexo será incapaz de profundizar en el sexo. Cuando profundice en él, estará pensando en otras mujeres, en otros hombres, y se establecerá un círculo vicioso. Todo se volverá mental, comerá con la mente, tendrá sexo con la mente no con el cuerpo, y la mente es incapaz de hacer nada excepto pensar, y el pensar no te puede dar satisfacción alguna. Así que cuanto más descontento te sientes, más piensas. Te incorporas a un círculo vicioso, y por último te vuelves incapaz de percibir nada a través de los sentidos. Esto es sensualidad: los sentidos prostituidos por la mente, o la mente habiendo incorporado los sentidos a sí misma.

Una consciencia realmente libre no será sensual, sino sensitiva, profundamente sensitiva y sensible. En realidad, cuando un Buda ve una flor, ve una flor en su totalidad, en su completa belleza, en su absoluta vitalidad. El color, la fragancia, todo, Buda lo ve en su totalidad. Nunca pensará de nuevo en esa flor, nunca será sensual. No ansiará verla una y otra vez, repetidamente. Nunca pensará de nuevo en esa flor, no porque no sea sensible sino porque es absolutamente sensible y ha vivido esta experiencia tan profundamente que no hay necesidad de repetirla.

La necesidad de repetición proviene de tu incapacidad de vivir totalmente en cualquier instante. Así comes y piensas en repetirlo otra vez; amas y piensas en repetirlo. Estás menos interesado en el vivir que en el repetir. Este deseo repetitivo es sensualidad.

Un Buda no es sensual en este sentido. Es profundamente sensitivo. Todas sus percepciones son claras, transparentes. Lo siente todo, vive cada instante plenamente, ama a cada instante totalmente. Y lo experimenta con tal plenitud que no hay necesidad de repetir; por eso nunca piensa en ello de nuevo. Sigue y sigue hacia delante y cada momento es tan rico que no hay necesidad de repetir los viejos momentos. ¡No hay necesidad de ello! La necesidad se crea porque eres incapaz de vivir en el momento presente. Eres incapaz, de modo que sigues con ello.

Los sentidos están ahí, más puros, más agudizados, más auténticos, pero la sensualidad ha desaparecido, porque un hombre así vive con tal profundidad que no anhela nunca el repetir. E incluso si algo se repite, nunca siente que se ha repetido, ¡porque todo es tan absolutamente nuevo!

Cuanto menos vives, más has de sustituirlo por la mente soñadora. Cuanto menos vives, más tiene la mente que sustituir el vivir. Cuanto más vives, menos se necesita de la mente para sustituirlo. Cuando vives en plenitud, no se necesita la mente. Cuando estás enamorado, ¿para qué necesitas a la mente? Cuando estás comiendo, ¿para qué necesitas la mente? Cuando estás caminando, ¿por qué has de necesitar la mente?

Puedes moverte sin la mente. Puedes comer sin que la mente se entrometa, sin procesos de pensamientos. Puedes tocar a alguien, puedes besar a alguien, puedes abrazar a alguien sin que el proceso de pensar se entrometa. Y así vives plenamente. Y cuando un instante se vive con plenitud, nunca suspiras por que se repita, porque tú solo suspiras por las cosas que se han quedado incompletas. La mente sigue una y otra vez tratando de completarlo. La mentes es una gran perfeccionista; todo ha de ser perfecto. Así que si algo queda incompleto, la mente vuelve a ello una y otra vez.

Si has amado verdaderamente a alguien, no habrá recuerdo, recuerdo en el sentido de que la mente acuda a él sin parar una y otra vez. Si no has amado, entonces se siente la ausencia. Te sientes culpable y percibes que te has perdido algo, así que has de reemplazarlo, y luego la mente continúa pensando en ello.

(Osho)

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Caracas, Distrito Capital, Venezuela
Es un sistema terapéutico integral que hemos desarrollado desde nuestra particular experiencia. Nos adaptamos a las necesidades del público, bien sea corporativo, institucional, grupal o personalizado. A través de la combinación de varios estilos de Yoga, con la práctica disciplinada cada alumno evolucionara descubriendo sus propias virtudes y necesidades físicas, mentales y espirituales. Desde los niveles más básicos hasta los niveles superiores de práctica se puede llegar a tener avances progresivos y significativos.  La combinación de la antropología, el psicoanálisis, la reflexología, la musicoterapia, la danza y el Yoga ha sido sintetizada en el proyecto terapéutico que he llamado Yoga Dakini. No en vano, podemos destacar que loss conocimientos en el área del psiquismo y la meditación Budista no se encuentran divorciados de este sistema que proponemos. Además, la licencia en antropología permite traducir los saberes de las culturas orientales (donde tiene origen el Yoga) adaptándolos a nuestra propia idiosincrasia y realidad venezolana.